TIPOS DE ALERGIA ALIMENTARIA

En Chile, casi un 5% de los lactantes tiene alergia alimentaria. La más común es a la proteína de leche de vaca (APLV) y de seguro te suena familiar. Si tu bebé tiene esta y otras alergias alimentarias, acá te ayudamos con consejos, guía de alimentos alérgenos, dónde comprar y dónde comer.

Para acompañarte en el proceso, te presentamos recetas aptas y profesionales recomendados que pueden ayudar a tu bebé. Además, te invitamos a enviarnos tu testimonio si deseas que otras mamás sepan de tu experiencia.

Las alergias alimentarias se dividen en dos tipos: inmediata o mediada por IgE y tardía o no mediada. Debes saber que en ambos casos hay tratamiento y su mejora depende de la tolerancia que desarrolle cada paciente con los alimentos que le producen alergia.

Alergia alimentaria inmediata

Es la más aguda y la reacción se produce en minutos o en un máximo de dos horas. El organismo genera anticuerpos llamados Inmunoglobulina E (IgE) para atacar a sustancias que provocan alergia, también llamadas alérgenos.

Los más comunes son los alérgenos respiratorios como el plátano oriental, caspa de gato, perro u otros. También los alérgenos alimentarios como la proteína de leche de vaca, frutos secos, pescados, mariscos y soya.

Sus síntomas involucran hinchazón de la cara, dificultad respiratoria o incluso anafilaxia, reacción que puede tener riesgo vital. Por su gravedad es fundamental evitar el contacto con los alimentos que producen alergia.

Alergia alimentaria tardía

Es más común en lactantes y como su nombre lo indica, no interviene el anticuerpo IgE. Las reacciones se producen a través de la lactancia materna y pueden ocurrir entre horas e incluso días después de recibir el alimento.

Sus síntomas son confundidos con malestares comunes de un bebé, entre ellos vómitos, cólicos, heces con mucosa o sangre y llanto descontrolado. Los lactantes pueden reaccionar a los mismos alimentos que en la alergia inmediata y a los que son considerados no alergénicos, como el arroz o frutas cítricas.

El tratamiento más común es restringir alimentos de la dieta de la madre e incorporarlos gradualmente para comprobar que el bebé los tolera. Esto se conoce como contraprueba.

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